Acerca de las nuevas formas de comunicarnos

Claramente la tecnología de la información ha penetrado en nuestras vidas en forma definitiva. Estamos en contacto de manera fluida, eficaz e inmediata. El WhatsApp nos conecta con amigos y familiares de manera veloz y eficiente. Organizar reuniones y eventos tanto laborales como sociales se ha  transformado en una actividad mucho más democrática, productiva y hasta divertida. Podríamos seguir, de manera infinita, enumerando las enormes  ventajas y comodidades que toda esta revolución en la comunicación virtual nos ha traído.

Sin embargo, como educadores que somos, agentes de transmisión y promotores de salud, es nuestra obligación poner el foco en los efectos que esto produce en nuestros niños y adolescentes, en sus familias y en la comunidad educativa. Nos preocupa y nos ocupa cómo el uso por parte de los adultos de estos chats, en especial el WhatsApp y sus grupos, está teniendo consecuencias no deseadas en el relacionamiento dentro de la comunidad educativa que integramos.

Vemos cada día con más frecuencia que mucha de la información acerca de lo que sucede en el colegio en relación a los niños, se transmite por los grupos de WhatsApp creados por los padres. A pesar de las ventajas ya enumeradas,  nos preocupa enormemente cómo esta nueva forma de estar conectados afecta el vínculo padres-institución. Debemos tener en cuenta que el diálogo virtual es muy distinto al diálogo personal, cara a cara. En el diálogo virtual se pierden elementos centrales de la comunicación: el tono, los acentos, la mirada; es decir, se pierde gran parte del sentido de lo que se quiere comunicar, quedando el mensaje inmerso en un terreno de gran subjetividad. Muchas veces, un pequeño comentario de un padre o madre en el grupo de WhatsApp acerca de alguna situación surgida en el colegio, genera efectos muy alejados del motivo del comentario inicial. Se distorsiona por completo la comunicación, teniendo como consecuencia lo que antes llamábamos “teléfono descompuesto”.

La privacidad tal como la tenemos conceptualizada desde siempre, basada en la confianza, en algo cuidado y seguro y en algo íntimo que se comparte con otro para que no se haga público, desgraciadamente pierde todo su valor en el espacio virtual. Sin darnos cuenta, decimos cosas por WhatsApp que se deberían comunicar de manera privada, es decir, cara a cara y en el espacio real. 
Estamos inmersos en una gran sobrecarga de información, lo cual nos lleva a una necesidad de compartirla de manera impulsiva e inmediata. El WhatsApp y las redes sociales en general van en detrimento de la reflexividad, entendida como la capacidad de apreciar una situación desde diferentes puntos de vista, tomándonos el tiempo que la misma requiere. 

En cuanto a lo que es el colegio y su funcionamiento, vemos con preocupación cómo muchos padres, que antes se nos acercaban para aclarar dudas, se inclinan ahora por sacar  conclusiones sobre el colegio sin recurrir al mismo, creando muchas veces situaciones indeseadas y generalmente evitables en la comunidad educativa. Pocas situaciones  generan tanto desasosiego en los niños como la dicotomía padres-colegio. Por otra parte, notamos de manera creciente una  sobredimensión de los problemas, una exagerada sobreprotección hacia los niños y una necesidad de tener toda la información de manera instantánea.

¿Cómo podremos educar niños que sepan y aprendan a esperar, a reflexionar, a crecer fuertes y autónomos?

¿Cómo podrán confiar en sí mismos, cómo podrán hacer una pausa antes de actuar, si no lo hacemos nosotros, los adultos?

Consideramos central para los niños que el colegio se sienta como un espacio propio y privado. Creemos que por lo anteriormente mencionado, muchas veces esta privacidad está siendo invadida. Los padres, al estar hipercomunicados, saben mucho más acerca de las actividades que realizan sus hijos.

Respetar ese espacio propio y singular de cada niño es fundamental para que vayan  desarrollando su autonomía,  su capacidad para estar a solas,  para tener y crear un mundo interno propio y rico, para generar vínculos nuevos a partir de sus deseos y para elaborar una necesaria distancia y separación con sus padres.  

Es necesario para un desarrollo emocional saludable, aceptar que hay cosas que los padres no podemos saber y a las cuales no podemos acceder.

Si queremos hijos que tengan confianza en sí mismos, que puedan en un futuro ser adultos responsables, tenemos que poder dejarlos solos en el colegio bajo una autoridad distinta, pero que los representa.

A modo de síntesis, en lo que a nuestra función como educadores respecta, proponemos volver a una comunicación más tradicional, donde predomine el cara a cara, la privacidad, el cuidado de la información y, fundamentalmente, la  confianza.  Insistimos en reconocer en el colegio la autoridad que el mismo debe tener, condición necesaria para brindar la contención, seguridad y amparo que los niños necesitan para crecer y aprender con felicidad. 

El Ivy Thomas, como nuestro proyecto institucional explica, promueve la ciudadanía digital responsable y constructiva. Para eso, creemos importante que los adultos nos detengamos brevemente a reflexionar sobre nuestro uso de las redes sociales y, en especial, de los grupos de WhatsApp. 
Crean en la institución que eligieron para educar a sus hijos. Confíen en nosotros y en la responsabilidad y dedicación en las que cada día nos apoyamos para promover el bienestar de sus hijos. Todos, ustedes y nosotros, tenemos como objetivo lograr un desarrollo emocional sano de sus niños, base fundamental para un eficiente  “aprendizaje para toda la vida”.

Ivy Thomas Memorial School, abril de 2016

Equipo de Dirección y Departamento Psicopedagógico

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